POR FEDE ARRIOLA

 

Muchos escritores son reacios a planificar sus cuentos y sus novelas. Está bien que así sea, porque cada uno tiene su estilo de trabajo y tenemos que respetarlo.

El problema surge cuando corregimos, ya que tenemos que trabajar el doble.

Cuando escribimos la primera idea que se nos cruza por la cabeza, solemos irnos por las ramas y no sabemos muy bien hacia donde estamos yendo.

Pero planificar no es tan difícil como parece. Con tener claro algunas cosas, ya es suficiente:

  • Personajes. No todos los cuentos necesitan que trabajemos a los personajes, pero en las novelas sí. Aunque noté que cada vez que pienso a fondo en uno de los personajes de mis propios cuentos, o lo hacemos con algún alumno, la historia mejora considerablemente.
  • Conflicto. Es importantísimo saber cuál es el conflicto más importante de la historia, para no escribir por escribir, y aburrir a nuestros lectores. Otro problema recurrente es el de perder verosimilitud, porque a nuestros personajes les pasan demasiadas cosas.
  • Objetivo y obstáculos. Ya hablé en algunos artículos sobre estos temas. Podés leer sobre el objetivo aquí y sobre los obstáculos aquí. Estos elementos suelen aparecer en el nudo de la historia y nos ayudan a que sea un poco más entretenida.

 

Hay quienes recomiendan saber el final de antemano. En su decálogo, Poe recomienda empezar por ahí. Como método es interesante, y varias veces lo trabajé en mis clases; pero también está bueno que algunas ideas fluyan.

Como sea, con tener estas cosas preestablecidas ya es más que suficiente.

A mí siempre me pasa y a algunos alumnos también: planifique mucho o poco, en plena fanea, mientras paso de la planificación a la historia en sí, surgen nuevas ideas que cambian el rumbo de la escritura, muchas veces superadoras de las que había pensado en un principio. Y eso es genial.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *