Los objetivos son una de las herramientas más poderosas con la que contamos los escritores.

Pero al mismo tiempo, también es una de las más subestimadas. Esto significa que muchos entienden de lo que se trata, pero no la usan. Es como tener un martillo, saber usarlo, pero usar una piedra para clavar un clavo.

Un objetivo literario consiste en una motivación poderosa que tiene el personaje y que quiere alcanzar en el momento: salvar la vida de su hijo, llegar a horario a una cita, matar a su enemigo político.

Ahora bien, una confusión muy común es pensar que el objetivo narrativo de un personaje es lo mismo que el objetivo de vida. Por ejemplo, un personaje puede, tranquilamente, tener como objetivo del año aprobar tres materias. Pero si eso no es interesante al cuento, ni lo pensemos.

EL HILO CONDUCTOR

Los objetivos literarios son el hilo conductor de nuestras historias.

Generalmente aparecen después de que escribimos el conflicto inicial y son cruciales para que nuestras historias no se vayan por las ramas, sean más entretenidas e interesantes.

Cada vez que veo un dibujito animado con los hijos de mi novia, me maravillo al ver la claridad que tienen la mayoría de los guionistas a la hora de generar un objetivo para cada personaje.

Entonces siempre me dan ganas de llevar a mis clases capítulos de Bob Esponja, Clarence, Steven Universe, Los jóvenes titanes o cualquier dibujo que estén dando, para usarlos como ejemplo.

 

ALGUNOS EJEMPLOS

Los objetivos en los cuentos son muy habituales.

Uno de los que más uso se da en el cuento A la deriva de Horacio Quiroga. Desde la primera frase ya aparece el conflicto y el sucedáneo objetivo:

El hombre pisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yaracacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque.

El objetivo del protagonista está más que claro: salvar su vida. Pero el veneno le sube por la pierna y tiene que hacer algo al respecto.

Y ahí está la diferencia. Si al personaje no le importa que la mordedura y decide morir, no vale la pena contar el cuento. El protagonista quiere salvar su vida, quiere cumplir su objetivo.

A continuación te voy a compartir una lista con algunas ideas que podés incluir en tus historias y algunos ejemplos. Espero que te sirvan:

  • Salvar la vida. Obviamente es el ejemplo del cuento de Quiroga que hablo más arriba.
  • Conquistar a alguien. La palabra conquistar es una mierda, pero creo que se entiende el punto.
  • Esconder algo o a alguien. Una de mis películas preferidas es Niños del hombre. En un futuro distópico y cercano, dejaron de nacer niños hace dieciocho años. La historia comienza cuando asesinan al hombre más joven del mundo y la gente empieza a desesperarse. Todo muy bonito, hasta que el protagonista descubre una mujer embarazada. El objetivo: cuidar a la mujer, esconderla y escapar de las personas que quieren atraparla.
  • Que Calamardo vaya a tu casa. Uno de mis capítulos preferidos es cuando Bob Esponja descubre que Calamardo nunca había entrado en su casa. Entonces se obsesiona por cumplir su objetivo: que entre a toda costa en su casa. Pero no lo consigue. En la desesperación, le cuenta lo que le pasa a Patricio Estrella, que le recomienda que le robe algo, así Calamardo se verá en la obligación de visitarlo.
  • Que Calamardo pueda recuperar su aspiradora. La continuación del capítulo que hablo en el punto anterior. Una vez que Calamardo descubre que Bob Esponja le robó su aspiradora, se ve en la obligación de entrar en su casa. Pero recuperar el electrodoméstico no es tan fácil como suponía.

Te recomiendo, como siempre, que le prestes atención a los libros, a las películas, a las series, para buscar objetivos. Esta práctica te va a ayudar a mejorar muchísimo a la hora de escribir.

 

LOS OBJETIVOS EN LOS FINALES

Ahora bien, los objetivos también son una herramienta excelente para mejorar nuestros finales.

Una vez que cada personaje tiene su objetivo, tenemos las siguientes opciones:

  • El personaje cumple con su objetivo. Esto podríamos decir que se engloba en el clásico final feliz.
  • El personaje no cumple con su objetivo. Esto se asemeja a un final bajón.
  • No sabemos si el personaje cumple con su objetivo. Esto sería una especie de final abierto. En este caso, tenemos que tener cuidado y hacerlo con una intencionalidad. Por ejemplo, que el lector complete la historia o que escribamos una segunda parte. Porque si lo dejamos sin resolver, el lector puede considerarlo como una laguna y suele molestarle.
  • El personaje cumple con su objetivo, pero con matices. Aquí la cosa se pone mucho más interesante, porque en la vida no todo es color de rosas. Por ejemplo, el personaje logra matar a su enemigo, pero a la vez muere en el atentado una persona inocente.
  • El personaje no cumple con su objetivo, pero con matices. Esto también resulta muy interesante. Por ejemplo, el personaje no logra llegar a su cita, pero el percance que sufre lo hace conocer al amor de su vida.

Algo que también resulta muy interesante y que mejora considerablemente a nuestros finales es que los distintos personajes de una historia tengan su objetivo y que cada uno tenga distintas resoluciones. Por ejemplo, que uno no cumpla con su objetivo, pero el otro sí con el suyo.

***

La próxima vez que escribas un cuento o una novela, procurá que tus personajes tengan un objetivo y vas a notar cómo mejoran considerablemente tus historias.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *