POR FEDE ARRIOLA

¿Leíste el artículo que compartí la semana pasada? Allí hablaba de que los gatos son especialistas en no hacer nada. Cuando leí esa idea en un libro de Leo Babauta, empecé a observar más a mis gatas.

Una de ellas se pasa casi todo el día en el mismo lugar, en un estante de la mesa debajo de la tele, o en un cajón del placard de los chicos. Y yo me pregunto, ¿qué hace todo el día en el mismo lugar? ¿En qué piensa? ¿No se aburre? Porque mis perros sí se aburren, y mucho. Especialmente cuando yo soy el único que está en casa, porque no les juego, no los saco a pasear ni nada.

¿A qué voy con todo esto? Lo que hice en los dos primeros párrafos de este artículo es contar una historia breve. Pero para eso, tuve que sentarme en la computadora, teclear y después corregir, poner en orden todas estas ideas.

Pero no siempre tenemos tiempo para sentarnos a escribir. Muchos de nosotros tenemos otras obligaciones —el trabajo, la facultad, la familia—, y cuando encontramos un momento, hay mucha gente alrededor que nos desconcentra o estamos muy cansados para hacerlo.

Por eso algo que se me ocurrió y puse en práctica que me ayudó a seguir escribiendo cuando tengo poco tiempo son las narraciones mentales.

¿Qué son las narraciones mentales?

Básicamente es imaginar que estás contando una historia. Lo interesante de esta práctica es que podés hacerlo en cualquier parte, en cualquier momento.

Bueno, hay momentos  en los que no te lo recomiendo, como cuando alguien te está retando. O sí, ¿por qué no?

Te voy a compartir algunas ideas para que puedas aplicar las narraciones mentales:

 

  • Capítulos. Imaginate que estás escribiendo un capítulo de tu novela o de tus cuentos.
  • Descripciones. Esto es algo que me encanta hacer en el colectivo, en las filas para hacer un trámite o cuando me siento en la plaza a hacer tiempo. Miro a la gente y empiezo a describirla, cómo va vestida, cómo se mueve, cómo habla.
  • Poemas. Esto lo hice durante muchos años en mi adolescencia, y creo que me quedó la costumbre, aunque no siempre me doy cuenta.

 

Muchos pueden pensar que esas ideas se van a perder y se van a desesperar, pero nada más lejos de la realidad. Nos desesperamos porque estamos acostumbrados a anotar todo, a dejar cada idea asentada, a no olvidarnos de nada.

Estamos llenos de agendas, apps, cuadernos. Obligamos a nuestro cerebro a que todas las ideas literarias queden escritas.

Pero confiá en mí. Cuando narres mentalmente no solo estás practicando tu escritura, también estás desarrollando la idea. Si se te olvida, dejala ir. Si es una idea importante, va a volver en el transcurso de tu escritura, pero no lo fuerces.


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