La falta de inspiración es un estado de ánimo negativo que aparece con lo que yo denomino el síndrome de la página en blanco.

El síndrome de la página en blanco tiene los siguientes síntomas:

  • Tenemos ganas de escribir, pero no se nos ocurre ninguna.
  • Tenemos algunas ideas anotadas hace un tiempo, pero no nos terminan de convencer.
  • Las pocas ideas que se nos ocurren no nos gustan y las desechamos.
  • Nos sentimos mal porque creemos que no tenemos el talento suficiente.
  • Empezamos a distraernos y hacemos otras actividades menos productivas, como entrar en las redes sociales.

En los últimos siete años di cientos de clases tanto particulares como en talleres. Toda esta experiencia me hizo ver descubrir varias cosas interesantes que hoy quiero compartir con ustedes.

Tener problemas para estar inspirado es uno de los primeros obstáculos que tenemos que solucionar cuando estamos arrancando. Hay tantas cosas que debemos aprender —crear buenos personajes, escribir historias originales y entretenidas, mejorar nuestros finales— que no nos podemos dar el lujo de pasar tiempo sin escribir por falta de ideas.

Por eso quiero compartirte 7 consejos, así vos también podés estar constantemente inspirado y no sufras cada vez que quieras escribir.

#1. DESARROLLÁ LAS IDEAS

Las ideas son una materia prima muy importante para cualquier artista. En el caso de la literatura, esto está más que claro. Pero aquí surge un primer interrogante: ¿Qué es una idea literaria?

Las ideas que tenemos que buscar para escribir una historia no son nada del otro mundo. En primer lugar tenemos que pensar un personaje, y en segundo lugar, cuáles son sus conflictos.

Ahora bien, por más que tengamos esto en claro, muchas veces juzgamos a las ideas antes de tiempo. Como nuestro estado de ánimo es negativo, todo nos fastidia y todas las ideas nos parecen insulsas.

Algunas veces puede que sea así, pero no la mayoría de las veces. Hay ideas que parecen malas, pero en realidad no las desarrollamos como corresponde.

Entonces la clave para que empecemos a sentirnos inspirados es que desarrollemos a los personajes y les pongamos conflictos.

#2. PRIORIZÁ LA CANTIDAD

Es más fácil elegir una idea entre otras diez, que elegirla entre solo tres.

La inspiración es un músculo que se desarrolla a base de práctica. Cuantas más ideas tengamos, más en forma va a estar nuestra creatividad.

Por eso te aconsejo que escribas todas las ideas que se te ocurran y más. Después vas a darte cuenta de que algunas van a servir más que otras.

Cada vez que hay un problema en tu trabajo, anotá la idea.

Cada vez que recuerdes un sueño, anotá la idea.

Cada vez que recuerdes un hecho traumático de tu infancia, anotá la idea.

#3. JUGÁ CON LAS PALABRAS

Cuando empecé a escribir mis primeros poemas, noté que era más divertido si jugaba con las palabras:

Yo sabía que la escritura me servía mucho para descargar mis emociones y me calmaba la angustia adolescente. Sin embargo, todo fue mejorando cuando empecé a jugar con las palabras. Escondía nombres en las primeras letras de cada palabra, rompía las reglas gramaticales, buscaba sinónimos o repetía palabras.

Hay escritores que les gusta inventar términos nuevos y hasta ciudades, países o mundos. Pero con que juegues con las palabras me parece que vas a tener para entretenerte.

Un ejemplo conocido y que me gusta citar es una canción de Los Piojos que dice: “Ando ganas de encontrarte, cuánto lejos estás acá”. Esos simples cambios hicieron que los oyentes la recordaran con más facilidad.

#4. CONTÁ HISTORIAS

La verdadera diferencia está en este consejo. Una vez que aprendemos a contar historias, nunca más vamos a quedarnos sin ideas.

Por dos razones: la primera es porque historias hay en todas partes y segundo porque a todos nos gusta escuchar una buena historia.

Hay muchos escritores que escriben bonito, hay muchos cineastas que hacen películas muy bellas, pero lo importante está en contar buenas historias.

#5. HACÉ PREGUNTAS

Este es uno de mis ejercicios preferidos. Cada vez que me planteo escribir un nuevo cuento, este trabajo me ayuda muchísimo a mejorar cada idea.

Se trata simplemente de hacerse preguntas que disparen nuevas opciones en la historia que estamos escribiendo.

Pero no cualquier clase de preguntas, si no las del tipo qué pasaría si.

Una vez que adquirimos cierta práctica con este ejercicio, se vuelve tan adictivo que se convierte en una parte fundamental de nuestro oficio.

#6. PONETE RESTRICCIONES

Las restricciones son geniales para tener nuevas ideas, para buscar alternativas, para pensar sinónimos.

Hay una canción de León Gieco que me encanta y lo trabaja súper bien. Se llama Ojo con los orozco y su restricción es solamente usar una de las cinco vocales: la letra o.

El estribillo dice: “Nosotros no somos como los Orozco, yo los conozco son ocho los monos […]”

Y cada estrofa cuenta la historia de los ocho hermanos.

Restricciones de este estilo nos ayudan muchísimo a pensar en cosas nuevas que de otro modo no se nos hubiesen ocurrido.

#7. DESCANSÁ

Como dije al principio, la falta de inspiración aparece cuando nos sufrimos el síndrome de la página en blanco. Y uno de sus síntomas es tener ganas de escribir, pero no poder hacerlo por falta de ideas.

Este es un supuesto que tenemos en la cabeza y que muchas veces difiere de la realidad. Cuando estamos cansados, tristes o melancólicos, no queremos hacer muchas cosas. Quizás sí escribir, para descargar la angustia, pero no mucho más.

En cambio, cuando estamos entusiasmados queremos hacer muchas cosas. Y para estar así hay que aprender a descansar bien, a cuidar nuestro cuerpo, a meditar, hacer ejercicio y comer más sano.

Pero como al principio cuesta cambiar tantos hábitos yo te recomiendo que empieces por descansar mejor.


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