POR FEDE ARRIOLA

Los diálogos son uno de los recursos de narrativa más difíciles de dominar. Por eso, muchos escritores se sacan este problema de encima evitándolos. Pero creo que no es una buena idea.

Si aprendemos a escribir buenos diálogos, puede convertirse en una de las mejores herramientas que tengamos en nuestro poder.

Existen muchos problemas de que escribamos malos diálogos, entre ellos:

 

  • Los personajes hablan parecido entre sí, lo que hace que pierda verosimilitud la historia que estamos contando.
  • Los personajes opinan lo mismo que nosotros, y no tienen sus propias ideas políticas.
  • No sepamos bien cuál es el personaje que habla en cada momento.
  • Nos confundamos y el lector se maree.
  • Escribamos parlamentos muy largos que se conviertan en monólogos y aburran al lector.

Pero evitarlos es un error que no podemos cometer. Porque gracias a un buen diálogo, podemos lograr que los lectores empaticen con nuestros personajes, los conozcan un poco mejor y la historia no pase desapercibida.

También porque podemos agregar un recurso que ayude al dinamismo del párrafo. Muchas veces leemos historias que avanzan muy rápido o que van muy lento, y ahí está el diálogo para darnos una mano.

Con los consejos que te voy a compartir, no solo vas a mejorar este recurso, sino que además vas a poder ponerle matices a tus personajes y a la historia. Veamos cada uno. Espero que te gusten.

8 CONSEJOS PARA MEJORAR TUS DIÁLOGOS

PLANIFICÁ A TUS PERSONAJES

Si sabés algunos rasgos de tus personajes, vas a poder diferenciarlos entre sí y mejorar la forma en que se comunican entre ellos.

Por ejemplo, no hablan de la misma forma un periodista sensacionalista que un periodista deportivo; no tienen el mismo diccionario un investigador universitario que un analfabeto; no opinan lo mismo un militante de izquierda que un funcionario de derecha.

Si nosotros aprendemos a pensar en nuestros personajes, no solo vamos a mejorar nuestros diálogos, sino también nuestras historias.

PRACTICÁ CON OBRAS DE TEATRO BREVE

Este año participé de un taller de dramaturgia breve, dictado por Daniel Dalmaroni. Fue una experiencia maravillosa en la que aprendí muchísimo.

Y con el paso del tiempo, noté que mis diálogos y los de mis alumnos mejoraban categóricamente a medida que aplicábamos los consejos que allí enseñaban.

Pero más allá de la teoría, lo que quiero recomendarte es que pruebes con obras de teatro breve. En lugar de pensar en muchas escenas y capítulos, probá con una sola situación. Podés escribir  una anécdota personal, y en lugar de hacerlo narrativamente, solo usá diálogos.

PRESTÁ ATENCIÓN A LAS CONVERSACIONES

Cada vez que tengo viajes de larga distancia suelo leer. Pero cuando este año fui a Jujuy, había dos chicos salteños que hablaban mucho y me desconcentraban. Por eso decidí escucharlos.

Esta práctica es muy interesante, ya que afina nuestro oído e inevitablemente mejora nuestros diálogos. Porque si nuestros personajes hablan parecido entre ellos, significa que hablan parecido a nosotros.

Un tip extra. Aclaro que no lo puse en práctica, pero conozco a alguien que sí. Podés grabar las conversaciones de los demás con tu celular. Es bastante invasivo y no estoy de acuerdo, pero si vos no tenés tapujos, probalo… siempre y cuando pidas permiso antes.

ESCRIBÍ DIÁLOGOS CON TUS AMIGOS

Un ejercicio que suelo trabajar con mis alumnos es el de escribir un diálogo de a dos. El escritor representa a  un personaje y yo a otro. Y en varias oportunidades, en el taller grupal, los hice trabajar en parejas.

Los resultados siempre son muy interesantes. Suelen salir historias tan buenas, que algunos las siguen trabajando más allá del taller, y las usan para publicar.

Pero lo más importante es que este ejercicio mejora muchísimo a nuestros diálogos, porque notamos de primera mano las diferentes voces que tenemos entre nosotros a la hora de hablar.

ELEGÍ UN ACTOR PARA CADA PERSONAJE

¿Quién podría interpretar el papel de nuestro protagonista? ¿Y el del villano?

Al tener en claro quién podría representar a cada uno de nuestros personajes, podemos tener una voz concreta, una forma de expresarse, un silencio único en el mundo.

Mi amiga y alumna Cora Chiaraviglio lo hace con cada una de sus novelas. Cuando encuentra el actor o la actriz indicada, la maquinaria empieza a funcionar y ella puede trabajar más rápido y enfocada en la historia.

PONÉ A LOS PERSONAJES EN UN LUGAR CONCRETO

No es lo mismo la guardia de un hospital de madrugada, que la mesa de una entrega de premios. No es lo mismo una primera cita en un restaurante fino, que la habitación de una pareja con veinte años de convivencia. No es lo mismo la radio, donde la gente conversa, pregunta, debate, que la televisión, en donde se gritan, se interrumpen, y estiran el contenido.

Hace un tiempo, en Argentina se filtró un audio de WhatsApp de una mujer que se quejaba de sus vecinos de un country, porque tomaban mate en la pileta compartida. A partir de ese momento se la empezó a conocer como La cheta del Nordelta. Y  en las redes sociales muchos usuarios se burlaron de ella. Seguramente que esta mujer toma mate, seguramente ella también tenga costumbres que molesten a otros.

Si ponemos a nuestros personajes en diferentes lugares, podríamos pensar alternativas muy interesantes a la historia que ya imaginamos.

TRABAJÁ LA DISTRIBUCIÓN DESIGUAL DE PODER

Muchas veces nuestros personajes hablan parecido porque no se nota quién es el que manda y quién el que obedece.

Según Rober McKee, en el trabajo, en la familia y en la pareja existen relaciones políticas en donde hay una lucha de poder que debemos trabajar en las historias que estamos escribiendo.

Vivimos en un mundo injusto y aunque luchemos por la igualdad, siembre va a existir una distribución desigual de poder que tenemos que reflejar en nuestra historia.

QUE LOS PERSONAJES SE CONTRADIGAN

Que duden, que no estén de acuerdo entre ellos, que se vayan por las ramas, que se interrumpan. Es cierto que al escribir tenemos que ir al grano, no dar información innecesaria. Sin embargo, si queremos más realismo para nuestros diálogos, tenemos que basarnos en la realidad.

Una vez estaba en una cena con amigos. Una chica que no conocía se quejaba de las bandas que, según ella, se hacían comerciales, se “vendían” al sistema. Fue una charla un poco tensa. Yo sostenía que solo era música, y que a mí me gustaba la música, más allá de si al artista le importara más la plata, la parte artística, o lo que sea.

Con el correr de los minutos, la chica empezó a usar mis propias palabras para defender su punto de vista: “A mí me gusta la música”, decía. Hasta que al final se empezó a contradecir tanto, que alguien pidió cambiar de tema.

***

Pero el mejor que te puedo dar, que quizás sea el más obvio, es que los diálogos mejoran y se hacen más realistas si practicamos mucho. Por eso te invito que dejes de evitarlos.

 


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