POR FEDE ARRIOLA

Cada vez que empieza un mes, como ya es nuestra costumbre, llega un nuevo desafío. En esta oportunidad quiero proponerles trabajar en torno a unos de mis recursos de escritura preferidos: las descripciones.

Verán, hoy en día no es habitual encontrarnos con muchas historias que tengan una abundancia de descripciones. Seguramente se debe a que vivimos en una época muy dinámica, en donde el cine y las series coparon toda nuestra atención con muchísima acción.

Si somos lectores asiduos, y hemos leído más de un clásico, sabremos que este es un recurso que se usaba muchísimo en el pasado.

Una buena descripción puede ayudarnos a conocer mejor el entorno en los que se mueven nuestros personajes. Pero también, pueden remitirnos a un lugar, sentir olores, empatizar con los personajes.

Veamos algunos ejemplos:

 

Su rostro era delgado y blanco como la leche, y reflejando una especie de suave ansiedad que resbalaba por encima de todo con insaciable curiosidad. Era una mirada, casi, de pálida sorpresa; los ojos oscuros estaban tan fijos en el mundo que ningún movimiento se les escapaba. El vestido de la joven era blanco, y susurraba.

Fahrenheit 451 por Ray Bradbury

 

Vemos cómo el estilo de Bradbury es bastante poético, con variedad de figuras retóricas. Un estilo que hoy en día podemos encontrar en las novelas de Haruki Murakami, aunque en este caso, sus metáforas son mucho más flasheras.

 

Al flexionar la pierna, la vieja cama de hierro y bronce cruje en el elástico y chirrea en las muescas de hierro donde el elástico se apoya en el espaldar. En el interior del rancho apenas si alcanzan a divisarse los objetos más grandes: el ropero y su luna ovalada, alto y débil, el arcón a un costado de la cama, pegado a la pared de adobe, justo bajo el ventanuco de madera lleno de hendijas verticales por las que entra en el recinto la primera claridad gris del alba.

El limonero real por Juan José Saer

 

En esta breve descripción nos encontramos con algo un poco más clásico: la enumeración. Pero lo que tiene de interesante este caso, es que con unos pocas referencias —la cama de hierro y bronce, el rancho, el ropero y su luna ovalada, la pared de adobe—, nos remite a un lugar concreto. Claramente no estamos en la habitación de un millonario, a menos no la de esos que vemos en la televisión.

 

El sol se escondía tras los cerros. En la quietud de la tarde, en el gran patio, Morgana, Duke y Negro dormían cerca de unos frutales que dividían al terreno en dos. La parte de adelante armaba un rectángulo, en uno de los lados los ligustrines del frente, en el otro el alambrado colindante a la casa vecina, el tercero era la hilera conformada por el durazno, el manzano, dos ciruelos, la pera, el caqui, el limonero y el cuarto, una fila de rosas de los colores más variados; que armaban un camino hacia el portón de entrada. En la parte de atrás se encontraba la casa, luego una hermosa piscina y terminaba al fondo con un alambrado paralelo al arroyo.

Morgana por Carmen Serrano

 

En el caso de Serrano, nos encontramos también con una enumeración muy interesante, en donde además de los árboles, nos encontramos con los cerros en el fondo, y el enorme patio de una casa, donde incluso corre un arroyo.

***

En resumen, el desafío de este mes es que escribas descripciones. Ya sea en tus historias ya escritas, como en simples ejercicios que podés realizar en un cuaderno. Podés describir a tus compañeros de trabajo, a la gente que viaja en el subte con vos, a las casas de tus vecinos, al patio de tu casa, lo que sea.

Espero que este ejercicio te ayude a escribir todos los días un poco más y que también puedas mejorar como escritor.


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