Para la mayoría de los latinoamericanos se está terminando un año super complicado, con crisis políticas y económicas que afectaron a la región. Y las noticias no parecen muy alentadoras.

El otro día hablaba de estos temas con mi novia, pero yo le decía que había tenido un buen año, porque la crisis me permitió, entre otras cosas, mejorar muchos aspectos de mi vida. Ella me respondió, entre risas: “Eso porque sos un positivo de mierda”.

La realidad es que no siempre fue así. Hace aproximadamente cinco años vengo trabajando fuerte en mis hábitos y mis rutinas, en ser una mejor versión de mí mismo y en construir, como dice un amigo, la vida de mis sueños.

Obviamente no todo es color de rosas, y queda mucho camino por recorrer.

Whatever, hace unos días sin querer queriendo, viendo la realidad de muchos amigos y familiares, de muchos colegas y alumnos, me hice una pregunta que cambió absolutamente todo en estas semanas: ¿Cómo quiero terminar mi año?

A propósito, quiero compartirles una pequeña reflexión que había escrito para una de las comunidades de Superhábitos, en donde soy alumno:

¿Cómo quiero terminar mi año? Como esta semana: con foco, sabiendo hacia dónde voy, haciendo ajustes en las tuercas que andan suelta, influyendo y ayudando en los desafíos de familiares y amigos.

¿Cómo quiero terminar mi año? ¿Quemado? No. ¿Cansado? No. ¿Deprimido? No.

Creo que van a ser las primeras fiestas en mi vida en que voy a estar sinceramente alegre, celebrando el año hermoso y desafiante que se va, y ansioso por empezar un nuevo año cada vez más conectado con la persona que quiero ser.

Con este espíritu optimista en mente, va el desafío de diciembre: descansar.

Para muchas personas esto parece imposible. Viven apagando incendios y corriendo la carrera de la rata. Y los pocos momentos que tienen para parar la pelota, entran en redes sociales para distraerse, alejarse del mundo… y amargarse por la vida que llevan.

Pero nosotros no somos así. Nosotros vamos a frenar a tiempo.

A continuación, algunos consejos para que puedas bajar un cambio y empieces a descansar en uno de los meses más estresantes del año:

  • Escribí un diario. Tener un diario te permite reflexionar sobre tus días, y sobre tu vida en general. Pero los escritores tenemos un beneficio doble: nos ayuda a desarrollar el hábito de la escritura.
  • Cortá a tiempo. Hay una tendencia cada vez más arraigada a hacer muchas cosas, por más que estemos quemados y cansados corporalmente. Pensamos que somos máquinas y que no nos podemos dar el lujo de descansar, cuando quedan muchas cosas por hacer. Una tremenda estupidez.
  • Actividad física. Nunca fui muy fan de la actividad física, hasta que descubrí la soga. Lo que me hace pensar en que hay una actividad para cada persona. Algo importante: existen tres clases de ejercicios: aeróbicos, de fuerza, y estiramiento. Y para cada clase hay miles de actividades que podés hacer. En mi caso particular me gusta saltar la soga, sentadillas, y Yoga. Ya sé, ya sé, la actividad física en general cansa; pero también desconecta, nos aleja del mundanal ruido y nos mantiene en forma.
  • Escribí a la mañana. Hace unos meses empecé a escribir a la noche. Grave error. Estaba fulminado, sin ganas de nada y sobre todo, sin poder disfrutar de lo que hacía. Pero hace un par de semanas empecé a escribir a la mañana, antes de arrancar el día laboral. Esto me empezó a llenar de energía y a darle muchísimo más sentido y valor a mis días. Probalo 🙂

 

 

 

Como dicen los chicos de Superhábitos, el descanso es una parte importante de tu productividad, no un premio. Bueno, no estoy seguro de que la frase sea así textualmente, pero la idea se entiende: que descansar empiece a ser parte importante de nuestra vida. Y ¿qué mejor forma de empezar con este desafío?


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *