POR FEDE ARRIOLA

Hablar de originalidad en la literatura puede parecerte un chamuyo. Sin embargo, mientras no copiemos, cuantos más elementos de escritura aprendamos, cuantas más herramientas sepamos aplicar, algo de originalidad vamos a encontrar.

Muchos dicen que no existe nada nuevo bajo el sol. Pero no por eso, si es que esa frase sea cierta, vamos a dejar de escribir; y muchísimo menos a ir al cine, ver series en Netflix, leer novelas y, por supuesto, leer cuentos.

Amamos las historias. No solo consumirlas, sino también contarlas. Y si son ideas originales, tanto mejor.

Por otro lado, es importante que no nos preocupemos demasiado por la originalidad en sí, sino por nuestro punto de vista. ¿A qué me refiero? Para explicarme, te quiero contar una anécdota.

Hace algunos años le pregunté a un amigo músico —que por cierto admiro mucho y considero una persona muy creativa—: “¿No tenés miedo de escribir una canción que ya exista?”

Él me respondió que no, ya que puede repetir un tema, pero su punto de vista, sus vivencias, su lenguaje en sí ya lo hace diferente.

Existen miles de historias sobre la guerra de Malvinas, sobre la Segunda Guerra Mundial, sobre la Revolución Francesa. Pero no todas esas historias son iguales. Porque creo que la originalidad no está en la historia en sí misma, sino en la manera de contarla.

Por eso, hoy quiero compartirte tres tips que te van a ayudar a contar tus cuentos de un modo más original, si es que eso es lo que te preocupa.

 

#1. LOS PERSONAJES

Cuando trabajo en los personajes para alguno de mis cuentos, la primera idea que tenía en la cabeza se va modificando poco a poco, ya que cada uno vive de forma diferente los hechos que suceden.

También se me van ocurriendo nuevas escenas, que en el momento de la planificación no se me había ocurrido.

Es probable que ya existan muchas historias sobre una guerra, pero quizás no desde el punto de vista de un extraterrestre que llega al planeta, y no entiende bien lo que pasa.

Al respecto, hay una anécdota muy conocida en el ambiente del ajedrez. Cuentan que en una oportunidad, José Raul Capablanca viajaba por una ruta y frenó en un momento para analizar una posición, o para preparar un partido. Cuando de repente un extraterrestre se acercó al gran maestro y le preguntó qué estaba haciendo. El cubano le explicó de qué se trataba y se pusieron a jugar.

Esta anécdota fue para ilustrar una posición denominada “de fantasía”; o sea, que no puede aparecer en una partida real. Lo que a mí más me gusta no es el ejercicio en sí, sino la historia loca que se inventó Capablanca, super original, mezclando dos elementos: el ajedrez y los ovnis.

Es probable que ya existan muchos cuentos de oficina, pero no tantos narrados por el decorador que cambia las alfombras, y no tiene más opción que trabajar por sectores. En este caso, todos los oficinistas trabajan como cualquier otro día, pero con el agregado del fuerte olor que desprende el pegamento que, dicho sea de paso, saca el hambre.

 

#2. LOS LUGARES

Cuando fui al Taller de Dramaturgia, elegí para mi obra breve una farmacia. Recuerdo que el coordinador me dijo: “Buena elección. No hay muchas obras de teatro que transcurran en un lugar así”.

Uno de los cuentos que más usé en mis talleres es A la deriva de Horacio Quiroga. En dicho cuento, una yacaracusú pisa a un hombre en el tobillo. Todo ese paisaje litoraleño es muy interesante.

Para este consejo te propongo una pregunta muy simple: ¿qué lugares conocés que otras personas no conozcan bien y que pueden ser interesantes para contar una historia?

 

#3. LOS CONFLICTOS

El problema de los conflictos es que siempre terminamos usando los mismos.

Siempre nos encontramos con una novia que deja al novio en el altar. Cuando lo más probable es que el novio deje plantada a la novia, como en Levantad carpinteros las vigas del tejado de Jerome David Salinger.

O vemos que algún personaje queda ciego. A diferencia de lo que nos encontramos en The Oa, donde una chica ciega y desaparecida regresa a su pueblo después de siete años, pero con la vista intacta.

***

Sea como sea, siempre tenemos que intentar buscarle la vuelta, indagar, pensar, evitar los lugares comunes, mezclar ideas. Pero sobre todo, practicar; practicar mucho.


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