Los escritores somos curiosos por naturaleza. Nos gusta aprender, investigar, hacer experimentos. Sin embargo, existen momentos en donde nos sentimos frustrados, porque todo ese conocimiento que acumulamos no nos está ayudando a mejorar con nuestra escritura.

¿Escuchaste alguna vez la frase: “Eso ya lo sé”? Probablemente es una frase que decimos todos alguna vez en nuestra vida. Pero, ¿realmente sabemos? Cómo dice la frase budista: “Saber y no hacerlo es igual a no saber”.

Por ejemplo, mis alumnos son conscientes de lo importante que es planificar una historia, pensar en los personajes y sus conflictos, pero muchos de ellos no hacen nada al respecto. Y escaparse de los principios, sean o no literarios, trae sus consecuencias. En el caso del ejemplo, los problemas son muy claros:

  • Introducciones largas y aburridas. Porque aunque no queramos, inconscientemente siempre vamos a planificar. Cuando no tenemos la instancia de planificación, los principios de nuestras historias son las que vienen a suplir esa falta.
  • Nudos demasiado cortos. La falta de planificación hace que no sepamos bien qué queremos contar. En donde más podemos encontrar esta situación es en el desarrollo de la historia. En lugar de agregar tensión, de desarrollar las escenas, muchos escritores que no planifican, suelen escribir nudos muy breves, sin el desarrollo pertinente.
  • Finales flojos. Algo que muchos alumnos saben es que una buena planificación nos permite mejorar nuestros finales.

Esta perniciosa situación de saber algo, pero no hacer nada al respecto la podemos encontrar en miles de situaciones, tanto literarias, como de la vida cotidiana: saber que es importante corregir, pero no hacerlo; saber que es importante organizarse, pero dejarnos llevar por la pereza; saber que es importante leer, pero perder el tiempo en las redes; saber que es importante hacer ejercicio, meditar, comer sano, pero dejarnos tentar por malos hábitos.

Repito, saber algo pero no hacerlo es no saberlo en absoluto.

Sin embargo, hay una solución que descubrí hace unos años que cada día me gusta y me convence más: convertir en consignas nuestro saber.

NUESTROS RESULTADOS SON SOLO UN SÍNTOMA

Antes de hablar del poder de las consignas y cómo pueden ayudarnos a pasar de la teoría a la práctica, quiero hablarte de tus creencias.

Si no nos creemos capaces de escribir una novela, nunca lo vamos a hacer. Cómo escribí hace unos años: “Muchos de nosotros no avanzamos con nuestra escritura por una simple razón: todavía no somos escritores, todavía no lo sentimos en lo más profundo de nuestro corazón”.

Por eso es fundamental ser y después hacer, cuando nos convertimos en escritores, vamos a poder avanzar con nuestras historias.

En cambio, si no nos creemos capaces, podemos manifestar los siguientes pensamientos y sentimientos:

  • Nos enojamos con nosotros mismos porque no estamos avanzando con nuestro libro.
  • Sentimos que no servimos para la literatura y que deberíamos abandonarla para siempre.
  • Nos comparamos con otros escritores y sentimos envidia por sus resultados.
  • Dejamos de escribir durante meses, porque los problemas de la vida cotidiana nos tapan.

Ahora sí, con esta idea en mente, va a resultarnos más sencillo empezar a bajar a tierra todo el conocimiento que tenemos.

EL PODER DE LAS CONSIGNAS

En los talleres literarios solemos trabajar con consignas.

Las consignas son ejercicios que están alineadas con el tema teórico que estamos trabajando en ese momento. Por ejemplo, si hablamos de diálogos, de sus usos y sus beneficios, una buena consigna nos pediría que escribamos un diálogo de ciertas características.

Soy consciente de que muchos alumnos sienten que las consignas limitan su creatividad. Sin embargo, siempre tengo que aclarar que estos ejercicios solo son disparadores que no es necesario seguir a rajatabla.

Pero además, las consignas tienen un poder más poderoso: son la puerta de acceso que nos llevan de la teoría fría y abstracta, a la práctica deliberada y realista.

3 PASOS REALISTAS PARA PASAR DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA

Si llegaste hasta acá tenés mucha más claridad de cómo pasar de la teoría a la práctica. 

Ya sabés que si no somos escritores, si no nos creemos capaces de escribir un libro, es muy difícil lograr tener resultados significativos.

Además, sabés lo poderoso que son las consignas para convertir el material teórico en resultados prácticos.

Ahora es hora de tener un sistema claro que nos permita poner manos a la obra. Por eso quiero recomendarte 3 pasos realistas:

#1. Detectar el problema real. La tendencia actual es esconder los problemas, evitarlos, esconder la mugre bajo la alfombra. Sin embargo, mi política es diferente: tenemos que conocer cuáles son nuestros problemas y hacernos cargo de la situación, de la forma más honesta posible. Algunos ejemplos de problemas que solemos tener los escritores pueden ser: nos cuesta planificar una historia, nuestros personajes son acartonados e inverosímiles, no sabemos cómo corregir y necesitamos un acompañamiento. Pero cuidado, los libros con los que nos podemos cruzar suelen plantear problemas que a veces no están 100% conectados con nuestra situación actual. Si no conocemos en detalle cuál es nuestro problema, podemos elegir mal el material o hacer consignas que no nos sirvan para nada.

#2. Detectar el material, ya sea un libro o un curso, que nos ayude a resolver el problema. Una vez que tenemos en claro cuál es nuestro problema actual, es momento de buscar el material pertinente. No todo el contenido es realmente útil, pero una vez que detectamos cuál es el indicado, tenemos una puerta de acceso muy poderosa para el cambio real y profundo. Ustedes ya me conocen: los libros que siempre recomiendo son los de Marcelo di Marco. Ya sea que quieras escribir poesía o que quieras mejorar como escritor, cualquiera de sus libros puede darte una mano inmensa.

#3. Buscar las soluciones que propone el libro y convertirlas en consignas. Los libros de di Marco suelen estar llenos de consignas. Sin embargo, no todos los libros tienen tanto poder. A veces nos vamos a encontrar con profesores que dan buenos consejos, pero no es tan claro qué es lo que tenemos que hacer. En realidad, lo de Marcelo es bastante extraño, porque generalmente son pocos los libros que proponen una hoja de ruta paso a paso. Cuando encontramos un libro útil, pero no nos dicen qué hacer, tenemos que inventarnos nosotros las consignas.

Espero que este artículo te haya servido de ayuda. Pero recordá, si no hacés nada con estas ideas, si no las llevás a la práctica, no vas a tener resultados. 

Te deseo muchas consignas y mucha práctica de ahora en más.


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