Hay una canción de León Gieco que se llama Ojo con los Orozco. Para componer esa canción, él se puso una restricción muy particular que hizo que la canción sea recordada por todos sus fans: solo podía usar una de las cinco vocales, la letra o.

Esta restricción lo obligó a trabajar mucho, a buscar muchas alternativas y a pensar cómo podría escribir los versos con coherencia.

Además, la canción cuenta la historia de ocho hermanos. En cada estrofa, el cantante describe a cada uno de los hermanos. Y en el estribillo, que de hecho es muy pegadizo, juega con la idea de la canción.

Lejos de aburrirnos, o de complicarnos la existencia, las restricciones nos permiten desafiarnos como escritores, buscar nuevas opciones que de otra forma no hubiésemos buscado y a encontrar ideas innovadoras.

Por eso hoy te voy a compartir cinco ideas para que puedas usar las restricciones en tus cuentos y en tus novelas.

#1.  EVITAR PALABRAS

También pueden ser vocales, como en el caso de Ojo con los Orozco, o consonantes.

¿Pero qué clases de palabras podríamos evitar? Yo te recomiendo que sean palabras usuales, cotidianas, así el desafío es más grande.

Por ejemplo, verbos, conjugaciones, adjetivos, etc.

#2. PERSONAJES

Generalmente en las historias hay un bueno y un malo, un mentor, un protagonista, su gran amor, la tercera en discordia.

¿Qué pasaría si escribiéramos una historia sin protagonista? Posiblemente deberíamos poner en el mismo nivel de importancia la trama principal como las secundarias.

¿Y si escribimos una historia de amor, pero que no aparezca uno de los amantes? ¿O una historia en donde cambia el protagonista a mitad del relato?

#3. EVITAR DERIVADOS COMUNES

Este es un ejercicio que me gusta usar mucho en mis clases, especialmente de poesía.

Sería algo así como evitar los términos comunes que pensamos cuando aparece una palabra.

Por ejemplo, cuando digo noche pienso en un bosque, en la luna, en lobos, en las estrellas. Si pienso en el silencio me imagino el vacío, la poesía, la soledad.

Si nosotros nos tomamos el trabajo de recolectar estos lugares comunes y evitarlos, se nos pueden ocurrir nuevas ideas, super interesantes.

#4. ROMPER ESTRUCTURAS

Hace unos años, mi profesor Ignacio Molina escribió un cuento espiralado. Estaba cansado de que todas las historias siguieran el patrón clásico de introducción, nudo y desenlace.

Asimov, por su parte, escribió una novela que empieza por el capítulo 16, si mal no recuerdo.

Nosotros podemos escribir un cuento sin principio, con dos finales, con saltos temporales, etc.

#5. JUGAR CON LA GRAMÁTICA

Cuanto más sepamos de análisis sintáctico, más ideas nuevas se nos van a ocurrir, expresiones innovadoras.

Por ejemplo, omitir todos los sujetos, para generar confusión, las comas del enunciado o las suboraciones.

Con la puntuación podemos trabajar muchísimo. Hay un cuento de Cortázar que trabaja de forma memorable con la puntuación para generar efectos en el lector.

El cuento se llama no se culpe a nadie. Al principio, cuando el protagonista intenta ponerse un pullover, la puntuación es la correcta.

Pero a medida que avanza la historia, dejan de aparecer los puntos seguidos, las oraciones son más largas y nosotros empezamos a leer más rápido, empatizando con la desesperación del pobre hombre.


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