POR FEDE ARRIOLA

 

Hace cinco años publiqué mi primer libro. Sin embargo, venía escribiendo desde los trece años. Ya tenía un blog, formaba parte de la organización de un evento de poesía y tenía algunos lectores aislados.

Pero me empecé a sentirme realmente un escritor cuando reuní todos mis poemas en un mismo archivo y lo compartí con un nombre.

 

La tapa hecha por Silvana Cerrato.

 

Desde ese momento ya pasó un poco de agua bajo el puente: publiqué Crepitar, mi segundo libro de poemas; empecé a ayudar a otros escritores a escribir sus libros y organizar su vida; empecé este hermoso emprendimiento; y ahora no siento vergüenza al compartir con otros algunos de mis cuentos y poemas.

De estos cinco años tengo algunas reflexiones sobre el hermoso arte de escribir que quiero compartir con ustedes.

 

APRENDIZAJES DE MIS 5 AÑOS COMO ESCRITOR PROFESIONAL

LA OBRA NO ESTÁ TERMINADA

Este fin de semana voy a compartir la segunda edición de mi primer libro El valle mortal. Para ello corregí la mayoría de los poemas y saqué algunos otros.

¿Por qué hice esto? Porque en este tiempo aprendí mucho: simplifiqué mi escritura, mejoré mi forma de expresarme, soy menos críptico. Y quiero que todo eso se refleje.

Muchas veces me topé con el comentario de que la poesía no se corrige. Y ya me imagino muchísima gente decir que los poemas publicados todavía menos. Pero nosotros no estamos para escuchar esas voces que nada saben del valor de la corrección.

Miren lo que cuentan Marcelo di Marco y Nomi Penzdik sobre Stephen King cuando reescribió y reeditó su primer libro: “Como para darse el gusto, en 1990 Stephen King decidió reescribir su apocalíptica novela La danza de la muerte (The stand, 1978). No es que la primera versión le haya salido mal ni nada por el estilo. Volvió al trabajo porque sentía lo mismo que numerosos autores de todas las ramas del arte: la necesidad de enzarzarse con el original para entregarle algo mejor al público.”

Cuando trabajé en El valle mortal di todo lo que tenía disponible en ese momento para dar. La semana previa a publicar el libro me encerré como un poseso a corregir, diagramar y ordenar los poemas.

En ese momento no tenía ni idea lo que era la doble abstracción ni la belleza que encerraba un mensaje simple y claro, por citar un par de ejemplos. 

 

LOS PROYECTOS NOS AYUDAN A DEJAR DE CORREGIR

Esto ya lo sabía en aquel momento, pero ahora lo afirmo y lo recontra afirmo.

Si seguimos dando vueltas sobre un mismo texto, nos vamos a hartar de él y nunca lo vamos a compartir con otros.

La clave está en saber que nunca vamos a estar 100% conformes con lo que hacemos y que pensar en proyectos -o sea, en publicar libros-, nos permite dejar de darles vueltas a una misma idea, a una misma historia.

Pero ojo, que también podemos pensar en enviar un libro a un concurso, o publicarlo en un blog. No tenemos que limitarnos en este sentido.

 

UNO NUNCA DEJA DE APRENDER

Una vez estaba conversando con un músico. Él es muy talentoso con su instrumento. Y aunque fuera muy virtuoso con lo que tocaba, no estuve ni estoy de acuerdo con su idea: “Ya practiqué suficiente”.

No, señor. Por más bueno que seas en algo, siempre tenemos algo nuevo para aprender.

Cerrarnos a que ya sabemos suficiente sobre un tema nos termina oxidando y empezamos a perder calidad artística. Y esto es algo que veo constantemente en el mundillo literario.

Sin embargo, creo que lo que este músico me quiso decir es otra cosa: algo así como que quería descansar un poco de tanto estudio de su instrumento, aunque sea por un tiempo, para después volver renovado. No lo veo como alguien cerrado.

 

SI DEJÁS DE PRACTICAR, TE VAS A ESTANCAR

Sí, va muy en concordancia con el punto anterior. De hecho, el tiempo en que dejé de escribir poesía, o el tiempo que dejé de tocar la guitarra me hicieron estancar un poco.

Los dedos estaban fríos, la mente más dispersa, las ideas tardaban un poco en llegar y desarrollarse.

Siempre digo en estos casos que lo más importante es la constancia, no la calidad ni la cantidad. Tener el hábito y mantenerlo es lo que nos ayuda a lograr los mejores resultados.

Conozco mucha gente que le dedica un corto tiempo a hacer algo, con muchísimas ganas y energía, pero que después deja por un periodo de más de seis meses. Los no resultados están a la vista.

 

LAS CLASES TE MEJORAN COMO ESCRITOR

Cuando empecé a dar clases una amiga me dijo: “Cuidado, que los talleres te estupidizan”. Así que me asusté.

Pero en mi experiencia, esto no fue así. Preparar clases, buscar respuestas a los interrogantes de mis alumnos y seguir formándome con libros y cursos me hicieron mejorar mis propios poemas y mis propios cuentos.

De hecho, siento una gran distancia de calidad entre mi primer libro y el segundo. Espero que esa brecha se acorte ahora que intenté mejorar El valle mortal.

 

CUANDO TE CANSES DE UN GÉNERO, PASÁ A OTRO

Si solamente escribimos cuentos, nos vamos a cansar. Si solo escribimos novelas policiales, también.

Trabajar con distintos géneros nos permite muchas cosas:

  • No cansarnos tan rápido de la literatura ni de nuestros escritos.
  • Usar herramientas de un género en otro.
  • Tener más variedad con la lectura.
  • Practicar cosas que no nos salgan tan bien. Por ejemplo, escribir teatro para trabajar nuestros diálogos; o un cuento policial, para trabajar los presagios; o escribir poesía, para mejorar nuestra puntuación y nuestras descripciones.

Además, limitarnos a un único género nos limita un montón. Hace poco vi un video de una guitarrista que contaba de un alumno que estaba estancado con su instrumento, ya que toda la vida había escuchado solamente heavy metal. ¿Y qué esperabas, hermano?

 

TENER OTROS INTERESES

Lo admito, soy un tipo inquieto. Me gusta el ajedrez, la música, los emprendimientos, la espiritualidad. Tener esta variedad de intereses me permite no aburrirme nunca y distraerme menos.

Como trabajo en mi organización e intento ser enfocado, a cada una de estas actividades le intento dedicar tiempo de calidad, más allá de que en la mayoría soy un principiante.

Siempre les aconsejo a mis alumnos que no se metan en mil cursos y que aprendan a decir que no.

Es que no es lo mismo pasar toda una tarde, una vez a la semana, jugando al ajedrez, que hacer todo un curso, entrenar profesionalmente y jugar torneos.

Te voy a dar un ejemplo más cotidiano. Es normal que un tipo que trabaja de lunes a viernes de 9 a 18, los fines de semana vaya a jugar a la pelota con sus amigos.

A eso me refiero.

Decir que no también implica saber a qué cosas les vamos a decir que sí.


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